La Pre-evaluación de los alumnos con NEE
Autor: Antonio Márquez Ordóñez
No han sido pocas, a lo largo de mi carrera docente, las ocasiones en que he podido contemplar, e incluso participar, en situaciones en las que el prejuicio y la etiqueta han sido los auténticos exámenes de los alumnos con necesidades educativas especiales (ACNEE en adelante).
El llamado “efecto pigmalión” fue definido por Rosenthal y Jacobson, (1968) de esta forma: “Las expectativas y previsiones de los profesores sobre la forma en que de alguna manera se conducirían los alumnos, determinan precisamente las conductas que los profesores esperaban.” En este caso entendemos que las bajas expectativas que los profesores suelen tener sobre las posibilidades de progreso de los ACNEE dentro del sistema educativo podrían influir negativamente en su rendimiento, como de hecho ocurre.
El prejuicio sobre la etiqueta
Pero lo que os planteo en este post es algo aún más grave. Es más grave porque no se trata de que el ACNEE sucumba ante los mensajes reiterados y negativos de su entorno académico, sino que no se le ofrece ni tan siquiera la posibilidad de ir sucumbiendo. Directamente anticipamos su final sin opción ninguna a que la “cultura del esfuerzo”, tan deseada para el resto de niños, pueda provocar algún cambio positivo en su rendimiento.
Nos abanderamos como adivinos y videntes del futuro próximo, y auguramos, como si de las cartas del tarot se tratase, los resultados de estos niños antes de que se produzcan. Y como digo no han sido pocas las veces en las que he contemplado cómo meses antes del final de curso ya se han tomado las decisiones adecuadas y oportunas pensando en el “bien del alumno” a tenor de sus futuras y desastrosas notas. Más se acrecienta esta rectitud y firmeza en la decisión si de lo que se trata es de decidir su futura escolarización. En estos casos, en el mes de marzo, el alumno ya ha suspendido todas las materias para poder dictaminar su futura escolarización.
Frases como: este niño no va a poder, este niño no llega, es imposible que supere… nos dan la potestad suficiente para que no nos tiemble el pulso a la hora de suspender (famosa y desdibujada palabra) y anticipar decisiones futuras. No puedo imaginarme la frustración que puede sentir una persona si de antemano supiese que, haga lo que haga, su futuro ya está tomado, su esfuerzo es baldío.
Y frustración es lo que siento cuando veo, instantes después de la decisión tomada, a ese alumno enfrentarse a la tarea con las mismas ganas y esfuerzo que ayer ajeno a su propia realidad, buscando la recompensa social y la aprobación de su entorno que nunca llegará.
Modelos de ajuste
Esto siempre ocurre por dos aspectos fundamentales: el etiquetado y la falta de conocimientos para evitar que suceda.
El etiquetado actúa como elemento decisorio. No es difícil ni ajeno para el lector entender que no es lo mismo el tema 8 para Juan García, que para el niño con Síndrome de Down o para el autista (expresión incorrecta, dicho sea de paso). En ese caso no hace falta ni que trabajemos con él para saber que no conseguirá aprobar y es mucho mejor que nos planteemos un modelo “diferente al ordinario”.
Una atención diferente a la ordinaria, esas palabras usa nuestra actual legislación educativa, la misma que nos habla de Inclusión y Equidad como principio del sistema. Esta frase argumenta y justifica decisiones como la que estamos comentando en este post, ya que al plantear esta alternativa para el ACNEE implícitamente lo excluye, pero lo peor es que mantiene invulnerable el modelo curricular prescrito para todos… para todos los que puedan seguirlo. Como el ACNEE no puede, no se cambia el modelo curricular, se cambia al alumno.
Los modelos de ajuste son los que evitarían esta situación, ajustar la propuesta curricular para todos planteando una enseñanza individualizada, multinivel, inclusiva y justa. Pero esto requiere conocimientos, cultura del “esfuerzo docente” (del que poco se habla), implicación, formación, colaboración, participación, ayuda, planificación, programación… Esto que nos saca de nuestra “zona de confort docente” y que tanto nos agobia pensar. Mejor suspender al niño, mejor ofrecerle una atención “diferente a la ordinaria” que para eso están los maestros conocedores de atención a la diversidad.
Al hilo de esto, os refresco una entrada que ya publiqué en Evaluacción hablando sobre los modos de evaluar según las Adaptaciones Curriculares: NEEvaluacción. Evaluando capacidades.
Si fuesen los ACNEE los que nos evaluasen, habrían aprendido de nosotros a no ser flexibles, a anticipar nuestro fracaso docente en la atención inclusiva, a no enseñarnos modelos alternativos para enseñar adecuadamente y, por lo tanto, no tendrían más remedio que suspendernos como maestros y enviarnos a una situación laboral “diferente a la ordinaria“.
ARTIGO
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